A veces, las personas necesitan cambios. No necesariamente cambios materiales. Me refiero a cambios interiores. Cambios con uno mismo. Vale la pena echar la vista atrás y recapacitar sobre todo lo vivido. Sobretodo cuando notas que la vida, su orden y organización, se te escapa de las manos. Reflexionar sobre todos los fallos cometidos sin olvidarnos de los aciertos y las victorias conseguidas. Pensar en qué fallos volverías a cometer y cuáles no dejarías que volvieran a suceder. Poner una balanza y apoyar sobre ella cada una de las experiencias vividas. Elegir caminos. Tomar decisiones que puede, o no, sean las más acertadas. Pero necesariamente debemos decidir; cada persona tiene un libro propio que sólo ella puede ir escribiendo a medida que toma decisiones. Nadie debe decidir por nadie; nadie debe escribir una historia que no le corresponde.
Puede que un simple candado no cambie nada, pero se necesita algo que te recuerde lo que eras y lo que eres ahora. Todo lo vivido queda encerrado en una simple señal, una imagen, un recordatorio. Y a pesar de todo, el dolor no mata. Te enseña. Te fortalece.
Aún así, debemos seguir escribiendo nuestro libro, y como me dijeron en su momento:
''Todos los días sale el sol.''