Caminaba. Simplemente caminaba
sin saber exactamente hacia dónde conducir sus pasos. Dejaba que la brisa
nocturna y la luna reinante en el cielo le guiasen hacia un destino
desconocido. Caminaba notando la humedad en el rostro. Miraba hacia el cielo buscando
respuestas en las estrellas, pero no hallaba ninguna. Todas estaban posadas
allí, en las alturas, con un brillo burlón cobarde que acechaba desde lejos. No
sabía exactamente qué le sucedía, dónde quería ir a parar, lo único que podía
afirmar con certeza era que no quería volver a casa. No quería volver a
cubrirse bajo las sábanas frías que todas las noches envolvían su cuerpo y no
hacían más que enfriarle el alma. No quería cerrar los ojos y soñar otra vez.
Soñar…viajar a ese mundo paralelo como todas las noches para volverse a
encontrar con una realidad que existió, pero de la cual ya no quedaba nada. Una
realidad que ya nunca volvería a formar parte de su vida. Sonrisas y momentos
que en su tiempo hicieron que se estremeciese cada poro de su piel. Y ahora,
sólo podía sentirlo en la memoria. Fantasmas del pasado que todas las
madrugadas iban a visitarla para recordarle que ella no pudo lograrlo. Que ella
estaba destinada a vivir en aquél lugar atormentándose eternamente por no haber
traspasado la barrera. Atormentándose eternamente por no haber actuado a
tiempo. Por ser una cobarde. El sonido de los disparos aún retumbaba en su
corazón al son de sus latidos. Un corazón que ya no era más que escarcha y
soledad bañado en un charco de sangre. Y solo le quedaba caminar…caminar sin
ningún rumbo, hacia ningún lugar…caminar…
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viernes, 28 de junio de 2013
martes, 11 de junio de 2013
Tiempo de escribir
Es tiempo de escribir. De dejar
que mis pensamientos se deslicen por el borde de los dedos fluyendo con los
movimientos que provocan que la tinta dibuje formas sobre el papel. La tinta
que quiere ser sangre y la sangre que no quiere reconocer que no encuentra ya
razón alguna para volver a sentir ni volver a ser lo que solía ser.
Ser…y yo soy un simple mortal encerrado bajo un cuerpo que funciona como un juego de engranajes que no paran
de rodar. Y chirrían…chirrían con cada vuelta porque el óxido los gasta a cada
paso que mi mente ordena dar. Y los pasos que no llegan nunca a su destino, que
no tienen ningún lugar al que dirigirse, ningún lugar sobre el que orientarse y
sólo queda caminar…caminar sin saber nada.
¿Y qué sé yo sobre la vida, si no
es más que caminar? Que la vida es más que el agua que me inunda por dentro y
en la que ahogo mis penas para transformarla en vino y dejar que recorra mis
venas para terminar en el olvido.
Y el olvido me recuerda cada día
que no puedo despertar con los ojos abiertos. Que me pierdo entre tinieblas cual sombra en la
oscuridad y no encuentro el resquicio de la puerta por la que la luz haga de
guía y escapar…y cierro los ojos escuchando a mi reloj imitando esa gota de la
ducha que no cesa de caer…marcando el ritmo, lentamente…hasta que finalmente alguien llega
para cerrar bien el paso, y como tal…mi tiempo se para, y con él, pensamientos
que la tinta dibujaba en el papel.
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