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miércoles, 6 de enero de 2016

Micro #3 - De porque caminar es sano


Montjuïc - Barcelona

Me considero un "culo de mal asiento".
Nervio.
Me encanta caminar, los trenes, las carreteras.
Llevar una mochila a cuestas (aunque odio las maletas).
Al fin y al cabo, casi siempre es más fácil para el que parte. 
Las esperas son más duras si no tienes dónde ir. 

jueves, 24 de diciembre de 2015

Micro #2

Le regalaba en sus silencios aquellos momentos con los que soñaba algún día poder estar con ella.
Le regalaba miradas llenas de flores que regaba con cada sonrisa.
Le regalaba su corazón en cada palabra. Cada latido impulsado por las ganas de volverla a ver.

Pero ella soñaba lejos.
Soñaba otros mundos.
Otras compañías.
No se percataba, o no quería percatarse, de todo lo que él le entregaba entre suspiro y suspiro.

Supongo que hay historias sin final simplemente porque no encuentran un comienzo.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Micro #1


Si miraba detenidamente sus ramas, creía distinguir un baile entre las formas. Como si los sueños de todas aquellas personas decidieran quedar colgando a merced del viento ahora que ya no tenían dueño. Le entristecía pensar en ello, pero desprendía esa belleza que sólo las cosas tristes pueden hacer.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Raro. Extraño,

Un día raro. Extraño.
Un día de esos en los que todo sale… ¿del revés?
Una historia inacabada.
Un final inesperado.
Una cita no acordada.
Un adiós sobre el armario.
Recuerdos que hace tiempo quedaron secando
las lágrimas que derramamos.
Ahora sólo queda sal y una pizca de ilusión.
Pero sigo en este día raro. Extraño.
Mañanas grises de nubes bajas.
Cafés “cortado” en esperas largas.
Pasos en balde.
Documentos. Firmas. Lastres.
Música y escaparates que reflejan mi mirada.
Y no me encuentro.
Hoy no.
Porque es un día raro. Extraño
Demasiado interrogante que leer entre líneas.
Demasiadas líneas no escritas.
Tinta seca manchando las cartas que no se llegaron a enviar.
Granizo en mi cabeza.
Decisiones esperando ser encontradas
y un sueño en indeciso balanceo.
Ahora sí. Ahora no.
Mas parece que acaba.
Se echa el telón y se apagan las luces dando paso a una última balada

dedicada a un día raro. Extraño.


martes, 25 de agosto de 2015

El sendero

Silencio. Se quedó en silencio escuchando el susurro del viento. Detuvo sus pasos y volteó ligeramente la cabeza para observar lo que había a sus espaldas. Sólo entonces se dio cuenta de todo el camino que había dejado atrás. Y todo lo que quedaba por delante. Pero sobre todo, cuánto había por detrás. Piedras saltadas, y otras tantas a las que no había conseguido esquivar. Pisadas borradas y otras que habían dejado una buena huella, imborrable incluso para el más fuerte de los vientos y la lluvia más feroz. Sonrisas de mentira, lágrimas disfrazadas, noches en vela. También alegrías y momentos compartidos con personas estupendas. Con algunas tenía la suerte de poder seguir compartiendo instantes y recuerdos. Otras se habían quedado en eso… recuerdos. Miradas que dicen todo. Y miradas vacías también, acompañadas por un toque de decepción al no encontrar lo que se espera. ¡Ay, la decepción! Una gran maestra en algunas ocasiones.

Se dio cuenta de lo deprisa que todo había sucedido. De la fragilidad del momento. De su propia fragilidad. Buscó más miradas, se perdió en ellas, en lo que le decían sin palabras, en el tacto de la gente, emociones, sueños, historias… No era momento de detenerse allí, a medio camino, cuando lo que había recorrido le había llevado ya hasta ese punto. No le importaba tropezar veinte veces más, rascarse las rodillas, perderse por senderos inexplorados y arriesgarse en partidas que se daban por perdidas. Porque hasta la probabilidad más pequeña entra dentro de todo lo posible.


Echó un último vistazo al camino que quedaba a sus espaldas, se agachó para atarse los cordones, levantó la mirada y prosiguió su camino paso a paso.  




Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Antonio Machado.

domingo, 19 de abril de 2015

Dentro del laberinto

Izquierda. Derecha. Volvió a mirar hacia la izquierda una vez más. El mismo cruce de caminos que anteriormente había sobrepasado. ¿O no? Todas las noches el mismo laberinto. La misma historia. El mismo camino. El mismo sueño. La misma pesadilla. Sabía que sólo era eso, un sueño. Pero la angustia que le acompañaba por dentro era tan real como los latidos de su acelerado corazón en aquella persecución laberíntica… ¿persecución? Tenía constantemente la certeza de que le estaban persiguiendo aunque aún no había podido ver la cara de aquello que intentaba darle caza. Aún así, la adrenalina recorría todo su cuerpo durante todo el trayecto que realizaba. Miraba hacia atrás de vez en cuando esperando ver al menos una sombra de su perseguidor. Pero nada. Ni siquiera sabía cómo era el laberinto dónde se encontraba. No sabía dónde se encontraba la salida, ni la entrada, ni el centro. Sólo altas paredes a ambos lados imponiendo la norma de no detenerse. Paredes de hormigón que no dejaban dirigir la vista más allá del camino que debía seguir. Decidió girar a la derecha. Intuición tal vez. Al final igual daba el camino que eligiese, siempre acababa en algún cruce como aquél dándole la impresión de que no hacía más que dar vueltas una y otra vez. Igual daba seguir una pared constantemente. Parecía que el camino avanzaba junto a sus pasos. Echó a correr mientras notaba como los pulmones se llenaban dentro de su caja torácica quemándole por dentro. Las piernas no le daban para mucho más, pero sentía que no debía detenerse. Giró a la izquierda. Una vez más a la izquierda. Torció esta vez a la derecha. Y paró en seco. Aquello no le había sucedido hasta entonces. Las paredes que hacían el camino se encontraban entre ellas delante de él cerrándole el paso. Se aproximó al muro y lo tocó con la punta de los dedos. Estaba frío. Oyó un susurro tras de sí. Esta vez no había escapatoria. Deseó despertar de aquella pesadilla. Cerró los ojos fuertemente y deseó que aquello terminara de una vez por todas, pero al volver a abrirlos continuaba de pie frente a aquel muro de hormigón que no le dejaba pasar. Lentamente fue dándose la vuelta mientras el sudor le caía por la nuca. El tiempo parecía haberse detenido, aunque irónicamente, allí dentro, ¿cómo iba a saber a qué ritmo pasaban las horas? Se giró completamente y observó aquello que tenía frente a sí mismo. El sudor frío siguió recorriendo su cuerpo. Notó cómo se le iba secando la boca y comenzó a sentir que las piernas le fallaban. Aquello que estaba viendo no entraba para nada dentro de sus expectativas. Se encontraba frente a sí mismo. Se miraron fijamente a los ojos durante unos segundos que parecían eternos y su alter ego, si podía llamarse así, comenzó a avanzar lentamente hacia él. ¿Qué podía hacer? Los latidos de su corazón comenzaron a acelerarse de nuevo. Sintió la cabeza embotada y la vista comenzó a nublársele. Se dio de nuevo la vuelta esperando que aquel muro que se levantaba antes frente a él hubiera desaparecido permitiéndole escapar de allí, pero el hormigón seguía en su sitio, firme, frío, cerrándole el paso, con la única diferencia de que ahora había algo más, en vez de algo de menos. Un espejo se alzaba frente a él. Se acercó a mirar más detenidamente, pero por mucho que inspeccionaba no lograba verse la cara. El nudo que tenía en la garganta comenzó a apretarse más hasta provocar que la sensación de ahogo se hiciera casi insoportable. Gritó y con la fuerza que le otorgaba aquella desesperación disparó el puño contra el cristal del espejo haciéndolo añicos. Gotas de sangre salpicaron en la superficie y una mano se apoyó en su hombro de forma firme obligándole a girarse.

Despertó.


Aterrizaje sin paracaídas

A veces no se trata de esperar. A veces no se trata de coger aire para intentarlo una vez más. No se trata de quedarse pensando en mil formas diferentes de acercarse ni en inventar veinte excusas para dirigirle la palabra. A veces no se trata de leer entre líneas ni de enviar mensajes encriptados para ver si lo averigua. A veces las cosas son como son. Así de simple y sencillo. Y crees que no vale la pena coger carrerilla para estamparse de nuevo contra un muro como otras tantas veces hiciste anteriormente. Porque ya sabes cómo es el impacto. Y sabes lo que espera después. Y sabes que aún así lo volverás a hacer…que el riesgo vale la pena… ¿o no? Porque ya sabes eso de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Pero en mi caso tengo claro que tropiezo dos, cuatro o cincuenta. Que tengo el máster en aterrizajes forzosos y derrapes de emergencia, que no siempre salieron bien. Pero qué más da. A veces no se trata de pararse a reflexionar. Se trata de sentir y actuar. De dar un paso seguido de otro y dejarse llevar. De escuchar. De respirar. De mirar y observar. De dejar que el tiempo se lleve lo que se tenga que llevar y que traiga lo que deba. De sonreír a su lado. De sonreír, sin más. Se trata de soñar despierto y vivir los sueños. De avanzar. De no dejar que un tropiezo te detenga. Ni dos. Ni cuatro. Ni cincuenta. Que las piedras son sólo eso: piedras. Y al final incluso la piedra más grande acaba convertida en arena. A veces… a veces se puede volver a intentar.


domingo, 31 de agosto de 2014

Distancias

La distancia entre los dos era insalvable. Un vacío infinito se abría entre ella y yo y daba igual cuánta carrerilla pudiera coger, acabaría entregándome a aquella oscuridad si se me ocurría saltar en algún momento. Negra y profunda.
Tampoco servía de nada gritar. Ella no podía oírme. O no quería oírme. Sabía que sin intentaba decirle algo simplemente haría como si nada hubiera escuchado, como si esa voz en el aire no existiera, y seguiría de espaldas al vacío que dominaba nuestra distancia. Distancia cada vez más acentuada por los pasos que ella daba y que yo no podía seguir. Aunque a decir verdad, creo que mis propios pasos poco a poco iban dirigiéndose en el sentido opuesto. No podía seguir mirando eternamente aquella brecha. No podía seguir esperando (¿esperando a qué?). Ella ni siquiera se había girado en algún momento para buscar mi mirada e intentar salvar ese vacío y crear un puente que nos permitiera cruzarlo. ¿Qué más daba ahora? Todos tendemos a idealizar a las personas y estaba claro que yo había caído en el error.

La distancia se hizo más grande.

En realidad no me importaba. No me malentendáis. Quiero decir que me gustaría encontrarme cara a cara con ese ''error''y conocerlo. Saber si realmente he caído en el error.

Me giré dándole la espalda al vacío y comencé a dar pasos. Estaba decidido. Si de verdad quería salvar aquella distancia, primero debía encontrar el modo de aprender a volar.


domingo, 27 de abril de 2014

Encuentros. Ausencias.

La echaba de menos. A veces. Día sí, día no. Echaba de menos su mirada y echaba de más su presencia dependiendo de cómo se levantara por la mañana y el sol saliera torcido, de frente o entre nubarrones incandescentes embellecidos por la polución. Oía su voz en la radio o en el viento que soplaba entre callejuelas grises en sus paseos diarios. Veía su rostro en las caras de la gente que pasaba por su lado. Esa gente que caminaba Dios sabe hacia dónde, sumidos en pensamientos que seguramente estarían vacíos de significado y llenos de insignificancia. Oía su risa en el licor que golpeaba el fondo de una copa con hielo, y en éste sentía el sabor de sus besos que le quemaban la lengua y le enmudecían el habla para que se expresase sólo el cuerpo. Besos que sólo vivían en su cabeza, en sus sueños.

La veía en las noches de luna llena mientras el viento le rozaba la cara y acariciaba el pelo haciendo que se moviera y adoptara formas dignas de la mejor bailarina de ballet. La recordaba al acostarse y apoyar la cabeza sobre la almohada, reconociendo su perfume en las sábanas y su calor entre los brazos que sólo abrazaban aire. Entonces apagaba la luz y se dejaba llevar por su mente hacia lugares dónde podía estar a su lado y volver a ver su sonrisa brillar de tal forma que hacía enervar al mismísimo sol.


Se preguntaba si ella podría recordarlo también a él. Si sentiría cómo la madrugada le invadía envuelto entre recuerdos que jamás existieron. Porque, al fin y al cabo, ella no sabía de su existencia. Sólo se cruzó con su mirada una única vez. Pero esa vez fue más que suficiente para hacerle  sentir que había estado toda una vida a su lado. 


viernes, 7 de marzo de 2014

Olvido selectivo de un pasado fingido

He olvidado tu nombre.
El tacto de tus deseos,
tus visitas en la madrugada.
Y pasado tanto tiempo,
he acabado olvidando el sabor de tus sueños sobre mi almohada.

He olvidado también tu voz, tus palabras.
Aquellas que decías siempre
cuando pendía haciendo equilibrios sobre un hilo
y tú hacías que todo se convirtiera en nada.
Que perdiera todo el miedo a saltar hacia el vacío.

He olvidado tu aroma.
El mismo que tu pelo esparcía al son del viento...
tu pelo que bailaba siempre, rebelde,
enredándose entre mis dedos.

He olvidado el quererte.
La suma compleja de dos cuerpos en uno sólo.
El nerviosismo de mi piel buscando tu encuentro.
La lucha de dos lenguas.
El lenguaje de tu cuerpo.

Las miradas cómplices.
Los susurros al oído haciendo gritar al corazón.
Las caricias prohibidas y los besos robados.
Mi mano deslizándose alrededor de tu cintura…

Ahora todo queda en recuerdos vaciados
de un ayer que no existía. 
Lleno de mentiras, fantasías…
Compañeras de un viaje sin destino accidentado.

Tanto lastre, tan dañino…
…mejor haberte olvidado.


martes, 21 de enero de 2014

El galán

Martín se acicala cada mañana, 
vestido de sonrisas y miradas picantonas
para lindas señoritas y alguna que otra señora
cuyas caras se sonrojan cuando pasan muy cercanas.

Siempre vestido de muy alto punto.
Sombrero de copa y el traje a conjunto.
Perfume de hombre, que no jovencito, 
bien sabe que las mozuelas los prefieren maduritos.

Lleva un buen paso, con mucho salero.
El ritmo en las piernas, la alegría en el cuerpo.
Siempre arrodillado a los pies de bellas damas
desnudándoles el alma con hermosas palabras.

Bellos paseos por parques y prados.
Ramos de flores y hermosos regalos.
Poemas y canciones, bailes muy pegados.
Al final una caricia en el lugar adecuado.

Y algo más que el alma acaba cayendo
en los brazos de este joven, galán y caballero.
¡Ay Martín! No hay mujer que se resista
ante todos tus encantos de sentimiento contrabandista.





sábado, 9 de noviembre de 2013

Algo siniestro

Voy a escribir algo tan siniestro, que cuando pronuncies cada palabra tus labios tiemblen junto a ellas y un escalofrío recorra tu cuerpo removiendo cada poro de tu alma. Voy a escribir algo tan macabro, que cuando recuerdes en la noche aquella frase dedicada no puedas cerrar los ojos y una bestia te coma por dentro, desgarrando tus entrañas y haciendo que la sangre emponzoñe tu mirada, desbordando dolor, angustia, rabia, venganza… que veas pasar el tiempo, desgastando tu piel, tu vida. Que veas morir a tus personas más cercanas y queridas sin que puedas hacer nada para impedirlo. Que tus gritos no se oigan en el más absoluto silencio y la gente no se percate de tu existencia. Escribiré frases tan dolorosas que el aire que respires se encenderá en tus pulmones y arderá reduciendo a cenizas ese corazón tuyo movido por el orgullo y la mentira. Ese corazón tuyo que acabará enterrado en el más lejano de los olvidos, donde nadie pueda oirlo palpitar. Voy a escribir algo tan tenebroso que cuando vayas a dormir y te tapes con las sábanas sientas a tu lado mi respiración en la almohada y el aroma que te embriague sea el del azufre del infierno, esperando a darte la bienvenida. El aire se irá agotando y tu garganta se cerrará rodeada por una cuerda invisible que te dejará agonizando mientras lágrimas de terror descienden acariciándote la cara…y esas lágrimas…justo en ellas, se verá reflejada mi sonrisa y el brillo de mis ojos alegrándose de verte caer. Observando la triste despedida entre tu cuerpo, alma y la vida. 


domingo, 6 de octubre de 2013

Insomnios

Para cuando quieres darte cuenta, ya es demasiado tarde. Intentas deshacerte de las sensaciones y liberarte de las cadenas, pero cuánto más luchas por conseguirlo, más fuerte se hace el nudo. Tan fuerte que eres tú quién se acaba aferrando a tu ser y aproximándote a la locura más y más a cada esfuerzo que realizas por luchar contra ti mismo. Tan fuerte, que aprieta alrededor de tu cuello y acaba por dejarte sin aire. Finalmente, ya no puedes más y te derrumbas. Caes de rodillas ante la obviedad y has tenido que sangrar para darte cuenta de ello. Y, para cuando terminas por aceptar que es de esa manera y no de otra, no puedes volver atrás. Y empiezan a pasar los días y aprendes a vivir con ello. Y parece que la bestia se calma y el dolor, aunque sigue ahí, se hace más llevadero. Sabes que si alguna vez existe, esa oportunidad llegará, pero sin olvidarte de que es tu presente el que ahora cuenta y que el futuro siempre está por determinar. Al fin y al cabo, como un gran poeta dijo, ‘el mayor error del ser humano es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón’. A veces, simplemente, no vale la pena darse golpes a uno mismo. 


domingo, 25 de agosto de 2013

Alas en la oscuridad

Corría. Corría todo lo que las piernas le permitían. Sentía desgarrarse los músculos y el fuego en los pulmones con cada bocanada de aire que intentaba coger. Pero seguía percibiendo el aliento de la bestia en la nuca y sabía que necesitaría mucho más para poder escapar de aquello. Se trasladaba a través de la penumbra de aquél bosque, rezando desde sus más profundos adentros para que la luz de la luna le permitiera visualizar y esquivar los obstáculos pero fuera la justa como para que la bestia le perdiera de vista…aunque en el fondo sabía que esa última opción no era posible. Su olfato le guiaba hacia él. Olía su miedo, su angustia. La lucha interna por sobrevivir. La adrenalina recorriendo sus venas, los jadeos debidos al esfuerzo por respirar. El sudor resbalando por su frente y cayendo sobre la tierra húmeda. El ritmo de su corazón, que estaba a punto de explotar a través de la caja torácica intentando retener todo el oxígeno que le fuera posible alargando brazos invisibles hacia el cielo. No tenía escapatoria y sin embargo continuaba luchando. Hasta el último aliento.

Saltó un pequeño tronco que atravesaba el camino que recorría y le dio el tiempo suficiente para detenerse al borde de un precipicio que se abría justo delante suyo otorgándole las vistas de la luna, dueña del cielo, brillante sobre todo el firmamento, y un gran vacío…varias ramas y piedrecillas cayeron hacia abajo al asomarse para echar un vistazo. No escuchó sonido alguno que indicara el final de aquel inmenso espacio. Se giró y esperó. La bestia no tardaría en encontrarlo. Entonces, nada podría salvarlo. Sabía que ni siquiera le escucharía llegar. Sólo le quedaba esperar…y desear que el tormento cesara lo más rápido posible.


Cuando el tiempo parecía haberse detenido, observó entre la oscuridad dos pequeños brillos que le observaban. Casi podía visualizar la sonrisa triunfal de la bestia. Las tinieblas acompañaban sus pasos y cuánto más cerca estaba, más avanzaban éstas hacia el borde del precipicio. Una brisa helada se apoderó del ambiente y en cuestión de segundos comenzó a notar como el aire se agotaba a su alrededor. Las sombras ya se encontraban a sus pies y notó como una mano se alargaba hacia su camisa rasgada para atraerle hacia el interior de la oscuridad. Sin apenas ser dueño de sus actos, levantó la vista, observando cómo las estrellas bailaban en el cielo, caprichosas y tan hermosas. Como hoja que cae del árbol, con la misma suavidad que le caracteriza,  cerró los ojos y dejó caer su cuerpo precipitándose hacia el vació. Sólo necesitaba dejarse llevar para aprender a volar. 


sábado, 24 de agosto de 2013

Mares de dudas

Tal vez algún día se miren a los ojos de nuevo, esperando encontrar a las mismas personas que dejaron atrás. Naden dentro de sus miradas buscando el sentimiento que quedó allí dentro al marchar. Tal vez el brillo en sus ojos vuelva a relucir tal y cómo lo hizo el último día. Tal vez la calidez vuelva embriagarles al saberse el uno frente al otro. Quizá el corazón tiemble de nuevo y se les olvide respirar como al tiempo ordenar a los segundos avanzar. Quizá reinen los silencios pues no sean necesarias las palabras entre ellos para poderse entender. ¿Qué importa el silencio? Quizá sea muy cómodo a su lado. Quizá su aroma vuelva hacer estremecer al alma bajo la piel que irremediablemente se deja guiar para iniciar una batalla al encontrarse con su adversario… pero el destino es caprichoso e incierto y tal vez encuentren que ya no son los mismos. Que tomaron caminos diferentes a los que empezaron. Que el brillo en sus ojos ya no luce cómo lo hubiera hecho antes y que las miradas no encuentren la manera de comprenderse siendo desviadas hacia lugares ajenos para no encontrar a la persona desconocida que ahora tienen al frente. Tal vez descubran que aquello que se movía en su interior ha desaparecido y que el mundo ya no gira en el mismo sentido que solía hacerlo. Que el tiempo sigue avanzando y que las pisadas que quedaron atrás ya se borraron…aunque...quizá…  


jueves, 1 de agosto de 2013

Entre callejones, humo y pensamiento

      De nuevo esa dentellada. En su interior, ese desgarro nuevamente recorriéndole de arriba abajo como si de un puñal se tratara. Y… ¿qué le iba a hacer? Aún sabiendo que era eso precisamente lo que iba a suceder, volvía. Cada acción lleva su consecuencia, al fin y al cabo. Era dueño de sus actos. Podría evitarlo, tomar otro camino. Pero no lo hacía y seguía haciéndose sangre una y otra vez. Estúpido. Se lo repetía cientos de veces. Y sin embargo ahí seguía. Quizá se había acostumbrado tanto a aquella sensación que no quería abandonarla. Quizá…quizá simplemente era que era estúpido, sin más rodeos.

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      Dio una calada al cigarro y contempló cómo iba consumiéndose al mismo tiempo que dejaba que el humo tomara libertad al salir de entre sus labios. Consumiéndose… al igual que él por dentro. Con el mismo fuego y lentitud. ‘Tal vez encuentre la libertad al final, como la halla el humo’, pensó. Cuánta palabrería se le pasaba por la cabeza en sus paseos nocturnos. Le agradaba pensar mientras caminaba. Dejar el pensamiento fluir al compás de la brisa que acariciaba su rostro. Dejar que las ideas se escampasen a medida que daba pasos hacia quién sabe dónde. Eran como notas musicales bailando en su cabeza. ¡Cuánta inspiración! ¡Las estrellas, la luna, el cielo apagado sin el reinado del sol! Y tal vez, la tinta de aquellas palabras era la sangre de las heridas que él mismo se provocaba. Claro…ahí estaba la solución al círculo vicioso que recorría una vez, y otra, y otra… Pensó que, si no fuera por esa sensación, no sentiría nada dentro de sí. ¿Vacío? Podría ser. Y sin darle más vueltas, volvió a su habitación para perderse entre las teclas de la máquina de escribir que, como casi todas las noches, le esperaba al término de sus salidas nocturnas para poder liberar ese trocito de su interior. Esa pequeña parte de él. 


viernes, 28 de junio de 2013

Sin destino

Caminaba. Simplemente caminaba sin saber exactamente hacia dónde conducir sus pasos. Dejaba que la brisa nocturna y la luna reinante en el cielo le guiasen hacia un destino desconocido. Caminaba notando la humedad en el rostro. Miraba hacia el cielo buscando respuestas en las estrellas, pero no hallaba ninguna. Todas estaban posadas allí, en las alturas, con un brillo burlón cobarde que acechaba desde lejos. No sabía exactamente qué le sucedía, dónde quería ir a parar, lo único que podía afirmar con certeza era que no quería volver a casa. No quería volver a cubrirse bajo las sábanas frías que todas las noches envolvían su cuerpo y no hacían más que enfriarle el alma. No quería cerrar los ojos y soñar otra vez. Soñar…viajar a ese mundo paralelo como todas las noches para volverse a encontrar con una realidad que existió, pero de la cual ya no quedaba nada. Una realidad que ya nunca volvería a formar parte de su vida. Sonrisas y momentos que en su tiempo hicieron que se estremeciese cada poro de su piel. Y ahora, sólo podía sentirlo en la memoria. Fantasmas del pasado que todas las madrugadas iban a visitarla para recordarle que ella no pudo lograrlo. Que ella estaba destinada a vivir en aquél lugar atormentándose eternamente por no haber traspasado la barrera. Atormentándose eternamente por no haber actuado a tiempo. Por ser una cobarde. El sonido de los disparos aún retumbaba en su corazón al son de sus latidos. Un corazón que ya no era más que escarcha y soledad bañado en un charco de sangre. Y solo le quedaba caminar…caminar sin ningún rumbo, hacia ningún lugar…caminar…

miércoles, 8 de mayo de 2013

De vaivenes y miradas


         Me gusta sentarme en el asiento interior, cuando voy en autobús. El pasillo me resulta demasiado abierto, me descubre ante un grupo de gente desconocida, me agobia, me hace sentir inseguro. Prefiero pegar la mirada a través del cristal y observar. Observar el paso de las cosas, o como el autobús pasa delante de las cosas…cuestión de perspectivas. Observar cómo el cielo sigue permanente en su lugar, y sólo algunos días se puede apreciar el suave movimiento de las nubes sobre la cabeza y el vuelo de los pájaros entre árboles urbanitas que desprenden electricidad. O cómo los días de tormenta las lágrimas del cielo se estrellan contra la ventana intentando derrumbarla con su transparencia. Y me gusta por un momento voltear la mirada y observar a todas esas personas que me rodean. Y al observarlas, sus facciones, sus miradas, no puedo evitar preguntarme ‘¿Qué estarán pensando? ¿Qué destino llevarán y por qué? ¿Por qué esos gestos y miradas vacías sin emoción? Miradas apagadas o escondidas bajo gafas de sol que no dejan entrever nada…’ Pero tarde o temprano vuelvo a sumergir mi propia mirada en el paisaje que me ofrece la ventana y el vaivén del autobús tomando cada curva desafiando la estabilidad de la calzada va adormeciéndome más y más hasta que, finalmente, mis párpados se rinden ante la persuasión de ceder para cerrarse el uno sobre el otro y el paisaje acaba apagándose para dar paso a los paisajes de tierras de Morfeo en compañía de mis preguntas…tantas preguntas…lamentablemente, el trayecto es demasiado corto como para encontrar respuesta alguna.