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viernes, 8 de enero de 2016

Tus formas (verbales)


Sigues presente, aunque sin futuros continuos que valgan.
Y yo pensando en subjuntivos que podrían pero no fueron,
imperándome a pensar en pasado perfecto 
y cerrar el sujeto, verbo y complemento. 
No sé si con punto y final. 
No sé si con punto y seguido.


jueves, 1 de agosto de 2013

Entre callejones, humo y pensamiento

      De nuevo esa dentellada. En su interior, ese desgarro nuevamente recorriéndole de arriba abajo como si de un puñal se tratara. Y… ¿qué le iba a hacer? Aún sabiendo que era eso precisamente lo que iba a suceder, volvía. Cada acción lleva su consecuencia, al fin y al cabo. Era dueño de sus actos. Podría evitarlo, tomar otro camino. Pero no lo hacía y seguía haciéndose sangre una y otra vez. Estúpido. Se lo repetía cientos de veces. Y sin embargo ahí seguía. Quizá se había acostumbrado tanto a aquella sensación que no quería abandonarla. Quizá…quizá simplemente era que era estúpido, sin más rodeos.

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      Dio una calada al cigarro y contempló cómo iba consumiéndose al mismo tiempo que dejaba que el humo tomara libertad al salir de entre sus labios. Consumiéndose… al igual que él por dentro. Con el mismo fuego y lentitud. ‘Tal vez encuentre la libertad al final, como la halla el humo’, pensó. Cuánta palabrería se le pasaba por la cabeza en sus paseos nocturnos. Le agradaba pensar mientras caminaba. Dejar el pensamiento fluir al compás de la brisa que acariciaba su rostro. Dejar que las ideas se escampasen a medida que daba pasos hacia quién sabe dónde. Eran como notas musicales bailando en su cabeza. ¡Cuánta inspiración! ¡Las estrellas, la luna, el cielo apagado sin el reinado del sol! Y tal vez, la tinta de aquellas palabras era la sangre de las heridas que él mismo se provocaba. Claro…ahí estaba la solución al círculo vicioso que recorría una vez, y otra, y otra… Pensó que, si no fuera por esa sensación, no sentiría nada dentro de sí. ¿Vacío? Podría ser. Y sin darle más vueltas, volvió a su habitación para perderse entre las teclas de la máquina de escribir que, como casi todas las noches, le esperaba al término de sus salidas nocturnas para poder liberar ese trocito de su interior. Esa pequeña parte de él. 


domingo, 7 de julio de 2013

La búsqueda

Ya no escribo como entonces.
No sé qué ha pasado en mi interior
que algo me falta, no sé el qué,
perdido entre versos que abandoné.

Las palabras ya no salen,
está sellado el sentimiento.
No entiendo el por qué, ni cuándo, ni cómo, ni quién
ha sido culpable de tan terrible tormento.

No me di cuenta, y ahora mírame.
Con la mirada perdida sobre el blanco del papel
y el pensamiento vagando entre laberintos
que ni si quiera pertenecen al pasado.

Y yo perdido en ellos sin saber bien qué sucede.
Pensaba que no volvería a caer (¡iluso de mí!).
Que la coraza que vestía era indestructible.
Pero todo ha sido una ilusión, un montaje al parecer.

Debo encontrar de nuevo el camino,
el sendero que me lleve a todo aquello que escribo.
Las sensaciones que me abordan, encontrarlas de nuevo,
Dentro de mí, en mi corazón que late demostrando que estoy vivo.

El sudor en la almohada al despertar.
El alma deambulando sin saber dónde parar.
Los ojos abiertos en la madrugada que se niegan a cerrar,
como las heridas que siguen sangrando y no terminan de cicatrizar.

Si supiera por dónde empezar la búsqueda...
Pero ni si quiera sé qué me falta,
qué es lo que necesito para volver a retomar la tinta
entre mis manos y dejar que baile libremente al son del sentimiento.

Y seguiré, mientras tanto, mirando al folio en blanco.
Exigiéndole respuestas que seguró no tendrá.
Preguntándole qué o quién se apoderó de mi esencia.
Preguntándome qué me falta para volverme a liberar.