viernes, 8 de enero de 2016

Tus formas (verbales)


Sigues presente, aunque sin futuros continuos que valgan.
Y yo pensando en subjuntivos que podrían pero no fueron,
imperándome a pensar en pasado perfecto 
y cerrar el sujeto, verbo y complemento. 
No sé si con punto y final. 
No sé si con punto y seguido.


miércoles, 6 de enero de 2016

Micro #3 - De porque caminar es sano


Montjuïc - Barcelona

Me considero un "culo de mal asiento".
Nervio.
Me encanta caminar, los trenes, las carreteras.
Llevar una mochila a cuestas (aunque odio las maletas).
Al fin y al cabo, casi siempre es más fácil para el que parte. 
Las esperas son más duras si no tienes dónde ir. 

jueves, 24 de diciembre de 2015

Micro #2

Le regalaba en sus silencios aquellos momentos con los que soñaba algún día poder estar con ella.
Le regalaba miradas llenas de flores que regaba con cada sonrisa.
Le regalaba su corazón en cada palabra. Cada latido impulsado por las ganas de volverla a ver.

Pero ella soñaba lejos.
Soñaba otros mundos.
Otras compañías.
No se percataba, o no quería percatarse, de todo lo que él le entregaba entre suspiro y suspiro.

Supongo que hay historias sin final simplemente porque no encuentran un comienzo.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Micro #1


Si miraba detenidamente sus ramas, creía distinguir un baile entre las formas. Como si los sueños de todas aquellas personas decidieran quedar colgando a merced del viento ahora que ya no tenían dueño. Le entristecía pensar en ello, pero desprendía esa belleza que sólo las cosas tristes pueden hacer.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Raro. Extraño,

Un día raro. Extraño.
Un día de esos en los que todo sale… ¿del revés?
Una historia inacabada.
Un final inesperado.
Una cita no acordada.
Un adiós sobre el armario.
Recuerdos que hace tiempo quedaron secando
las lágrimas que derramamos.
Ahora sólo queda sal y una pizca de ilusión.
Pero sigo en este día raro. Extraño.
Mañanas grises de nubes bajas.
Cafés “cortado” en esperas largas.
Pasos en balde.
Documentos. Firmas. Lastres.
Música y escaparates que reflejan mi mirada.
Y no me encuentro.
Hoy no.
Porque es un día raro. Extraño
Demasiado interrogante que leer entre líneas.
Demasiadas líneas no escritas.
Tinta seca manchando las cartas que no se llegaron a enviar.
Granizo en mi cabeza.
Decisiones esperando ser encontradas
y un sueño en indeciso balanceo.
Ahora sí. Ahora no.
Mas parece que acaba.
Se echa el telón y se apagan las luces dando paso a una última balada

dedicada a un día raro. Extraño.


viernes, 16 de octubre de 2015

Historia de un breve enfado contra el mundo con final feliz

Nos empeñamos en culpar al destino, a las personas, a los actos ajenos… me duró un día ese enfado contra el mundo. Tras las primeras 24 horas me di cuenta de que no podemos decidir más que el momento puntual del acto, daba igual cuánto me enfadara o quisiera lamentarme por haber actuado de tal o cual forma, lo sucedido ya era cosa del pasado. No había otra salida, y en cierta manera, me sentí relajado con ese pensamiento, quitándome la carga del enfado que llevaba encima (con lo sencillo que es eso, pensaréis). Al fin y al cabo, nos guste más o menos, no somos dueños de todo lo que sucede a nuestro alrededor. Más bien, de nada. Y aceptando que hay ciertas cosas que suceden y no hay forma de coger un camino corto que nos lleve a la salida, nos encontramos, o le encontré, o me encontró. No lo sé. Joder, eso tampoco lo esperaba, pero compensaba todo lo malo acontecido, ya que quizá no hubiera coincidido con esos ojos y sonrisa en el resto de los días de mi existencia. Ahora incluso pienso: “pues oye, tiene sentido y todo”, alejando los interrogantes que revolotean sobre mi cabeza de vez en cuando. ¿Y ahora, qué? Pues a seguir caminando, tomando decisiones que llevarán a más desenlaces, más sorpresas, para bien y para mal, más encuentros (espero que con esos mismos ojos), más caminos, más historias con banda sonora propia.
 A veces no se trata de entender. A veces se trata de aprender a aceptar.

martes, 25 de agosto de 2015

El sendero

Silencio. Se quedó en silencio escuchando el susurro del viento. Detuvo sus pasos y volteó ligeramente la cabeza para observar lo que había a sus espaldas. Sólo entonces se dio cuenta de todo el camino que había dejado atrás. Y todo lo que quedaba por delante. Pero sobre todo, cuánto había por detrás. Piedras saltadas, y otras tantas a las que no había conseguido esquivar. Pisadas borradas y otras que habían dejado una buena huella, imborrable incluso para el más fuerte de los vientos y la lluvia más feroz. Sonrisas de mentira, lágrimas disfrazadas, noches en vela. También alegrías y momentos compartidos con personas estupendas. Con algunas tenía la suerte de poder seguir compartiendo instantes y recuerdos. Otras se habían quedado en eso… recuerdos. Miradas que dicen todo. Y miradas vacías también, acompañadas por un toque de decepción al no encontrar lo que se espera. ¡Ay, la decepción! Una gran maestra en algunas ocasiones.

Se dio cuenta de lo deprisa que todo había sucedido. De la fragilidad del momento. De su propia fragilidad. Buscó más miradas, se perdió en ellas, en lo que le decían sin palabras, en el tacto de la gente, emociones, sueños, historias… No era momento de detenerse allí, a medio camino, cuando lo que había recorrido le había llevado ya hasta ese punto. No le importaba tropezar veinte veces más, rascarse las rodillas, perderse por senderos inexplorados y arriesgarse en partidas que se daban por perdidas. Porque hasta la probabilidad más pequeña entra dentro de todo lo posible.


Echó un último vistazo al camino que quedaba a sus espaldas, se agachó para atarse los cordones, levantó la mirada y prosiguió su camino paso a paso.  




Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Antonio Machado.