Voy a escribir algo tan
siniestro, que cuando pronuncies cada palabra tus labios tiemblen junto a ellas
y un escalofrío recorra tu cuerpo removiendo cada poro de tu alma. Voy a
escribir algo tan macabro, que cuando recuerdes en la noche aquella frase
dedicada no puedas cerrar los ojos y una bestia te coma por dentro, desgarrando
tus entrañas y haciendo que la sangre emponzoñe tu mirada, desbordando dolor,
angustia, rabia, venganza… que veas pasar el tiempo, desgastando tu piel, tu
vida. Que veas morir a tus personas más cercanas y queridas sin que puedas hacer nada
para impedirlo. Que tus gritos no se oigan en el más absoluto silencio y la
gente no se percate de tu existencia. Escribiré frases tan dolorosas que el
aire que respires se encenderá en tus pulmones y arderá reduciendo a cenizas
ese corazón tuyo movido por el orgullo y la mentira. Ese corazón tuyo que acabará enterrado
en el más lejano de los olvidos, donde nadie pueda oirlo palpitar. Voy a escribir algo tan tenebroso que cuando
vayas a dormir y te tapes con las sábanas sientas a tu lado mi respiración en
la almohada y el aroma que te embriague sea el del azufre del infierno,
esperando a darte la bienvenida. El aire se irá agotando y tu garganta se
cerrará rodeada por una cuerda invisible que te dejará agonizando mientras
lágrimas de terror descienden acariciándote la cara…y esas lágrimas…justo en
ellas, se verá reflejada mi sonrisa y el brillo de mis ojos alegrándose de
verte caer. Observando la triste despedida entre tu cuerpo, alma y la vida.
sábado, 9 de noviembre de 2013
domingo, 6 de octubre de 2013
Insomnios
Para cuando quieres darte cuenta,
ya es demasiado tarde. Intentas deshacerte de las sensaciones y liberarte de
las cadenas, pero cuánto más luchas por conseguirlo, más fuerte se hace el
nudo. Tan fuerte que eres tú quién se acaba aferrando a tu ser y aproximándote
a la locura más y más a cada esfuerzo que realizas por luchar contra ti mismo.
Tan fuerte, que aprieta alrededor de tu cuello y acaba por dejarte sin aire.
Finalmente, ya no puedes más y te derrumbas. Caes de rodillas ante la obviedad
y has tenido que sangrar para darte cuenta de ello. Y, para cuando terminas por
aceptar que es de esa manera y no de otra, no puedes volver atrás. Y empiezan a
pasar los días y aprendes a vivir con ello. Y parece que la bestia se calma y
el dolor, aunque sigue ahí, se hace más llevadero. Sabes que si alguna vez
existe, esa oportunidad llegará, pero sin olvidarte de que es tu presente el que
ahora cuenta y que el futuro siempre está por determinar. Al fin y al cabo,
como un gran poeta dijo, ‘el mayor error del ser humano es intentar sacarse de
la cabeza aquello que no sale del corazón’. A veces, simplemente, no vale la
pena darse golpes a uno mismo.
domingo, 25 de agosto de 2013
Alas en la oscuridad
Corría. Corría todo lo que las
piernas le permitían. Sentía desgarrarse los músculos y el fuego en los
pulmones con cada bocanada de aire que intentaba coger. Pero seguía percibiendo
el aliento de la bestia en la nuca y sabía que necesitaría mucho más para poder
escapar de aquello. Se trasladaba a través de la penumbra de aquél bosque,
rezando desde sus más profundos adentros para que la luz de la luna le
permitiera visualizar y esquivar los obstáculos pero fuera la justa como para
que la bestia le perdiera de vista…aunque en el fondo sabía que esa última
opción no era posible. Su olfato le guiaba hacia él. Olía su miedo, su
angustia. La lucha interna por sobrevivir. La adrenalina recorriendo sus venas,
los jadeos debidos al esfuerzo por respirar. El sudor resbalando por su frente
y cayendo sobre la tierra húmeda. El ritmo de su corazón, que estaba a punto de
explotar a través de la caja torácica intentando retener todo el oxígeno que le
fuera posible alargando brazos invisibles hacia el cielo. No tenía escapatoria
y sin embargo continuaba luchando. Hasta el último aliento.
Saltó un pequeño tronco que
atravesaba el camino que recorría y le dio el tiempo suficiente para detenerse al
borde de un precipicio que se abría justo delante suyo otorgándole las vistas
de la luna, dueña del cielo, brillante sobre todo el firmamento, y un gran
vacío…varias ramas y piedrecillas cayeron hacia abajo al asomarse para echar un
vistazo. No escuchó sonido alguno que indicara el final de aquel inmenso
espacio. Se giró y esperó. La bestia no tardaría en encontrarlo. Entonces, nada
podría salvarlo. Sabía que ni siquiera le escucharía llegar. Sólo le quedaba
esperar…y desear que el tormento cesara lo más rápido posible.
Cuando el tiempo parecía haberse
detenido, observó entre la oscuridad dos pequeños brillos que le observaban.
Casi podía visualizar la sonrisa triunfal de la bestia. Las tinieblas
acompañaban sus pasos y cuánto más cerca estaba, más avanzaban éstas hacia el
borde del precipicio. Una brisa helada se apoderó del ambiente y en cuestión de
segundos comenzó a notar como el aire se agotaba a su alrededor. Las sombras ya
se encontraban a sus pies y notó como una mano se alargaba hacia su camisa
rasgada para atraerle hacia el interior de la oscuridad. Sin apenas ser dueño
de sus actos, levantó la vista, observando cómo las estrellas bailaban en el
cielo, caprichosas y tan hermosas. Como hoja que cae del árbol, con la misma
suavidad que le caracteriza, cerró los
ojos y dejó caer su cuerpo precipitándose hacia el vació. Sólo
necesitaba dejarse llevar para aprender a volar.
sábado, 24 de agosto de 2013
Mares de dudas
Tal vez algún día se miren a los
ojos de nuevo, esperando encontrar a las mismas personas que dejaron atrás. Naden
dentro de sus miradas buscando el sentimiento que quedó allí dentro al marchar.
Tal vez el brillo en sus ojos vuelva a relucir tal y cómo lo hizo el último
día. Tal vez la calidez vuelva embriagarles al saberse el uno frente al otro.
Quizá el corazón tiemble de nuevo y se les olvide respirar como al tiempo
ordenar a los segundos avanzar. Quizá reinen los silencios pues no sean
necesarias las palabras entre ellos para poderse entender. ¿Qué importa el
silencio? Quizá sea muy cómodo a su lado. Quizá su aroma vuelva hacer
estremecer al alma bajo la piel que irremediablemente se deja guiar para
iniciar una batalla al encontrarse con su adversario… pero el destino es caprichoso e incierto y tal vez encuentren que ya no son los mismos. Que
tomaron caminos diferentes a los que empezaron. Que el brillo en sus ojos ya no
luce cómo lo hubiera hecho antes y que las miradas no encuentren la manera de comprenderse
siendo desviadas hacia lugares ajenos para no encontrar a la persona
desconocida que ahora tienen al frente. Tal vez descubran que aquello que se
movía en su interior ha desaparecido y que el mundo ya no gira en el mismo
sentido que solía hacerlo. Que el tiempo sigue avanzando y que las pisadas que quedaron
atrás ya se borraron…aunque...quizá…
miércoles, 7 de agosto de 2013
Tres segundos
Dame tres segundos para razonar
si es el aire que respiro, o tu mirada,
o tus dedos dibujando las palabras
que tus labios sellados callan
lo que me está matando por dentro
y arrancando de mí toda esperanza y calma.
O, si por el contrario, es la locura que me llama
desde el fondo de mi ser
la que ya no puede silenciarse ni mantenerse quieta
y necesita por todo medio salir
de la cárcel que es mi mente.
Del razonamiento que la ata dentro de mis ideas y mi cuerpo.
Dame tres segundos para volver a la realidad
y darme cuenta de que
marchaste hace tiempo.
Que es tu recuerdo el que me queda,
y sin embargo, me da la vida,
a la vez que es un verdugo
de mi existencia insostenida
sobre las horas que pasan bajo el tic tac de cada día.
Dame tres segundos,
y en tres segundos, te entregaré la vida.
jueves, 1 de agosto de 2013
Entre callejones, humo y pensamiento
De nuevo esa dentellada. En su
interior, ese desgarro nuevamente recorriéndole de arriba abajo como si de un
puñal se tratara. Y… ¿qué le iba a hacer? Aún sabiendo que era eso precisamente
lo que iba a suceder, volvía. Cada acción lleva su consecuencia, al fin y al
cabo. Era dueño de sus actos. Podría evitarlo, tomar otro camino. Pero no lo
hacía y seguía haciéndose sangre una y otra vez. Estúpido. Se lo repetía
cientos de veces. Y sin embargo ahí seguía. Quizá se había acostumbrado tanto a
aquella sensación que no quería abandonarla. Quizá…quizá simplemente era que
era estúpido, sin más rodeos.
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Dio una calada al cigarro y
contempló cómo iba consumiéndose al mismo tiempo que dejaba que el humo tomara
libertad al salir de entre sus labios. Consumiéndose… al igual que él por
dentro. Con el mismo fuego y lentitud. ‘Tal vez encuentre la libertad al final,
como la halla el humo’, pensó. Cuánta palabrería se le pasaba por la cabeza en
sus paseos nocturnos. Le agradaba pensar mientras caminaba. Dejar el
pensamiento fluir al compás de la brisa que acariciaba su rostro. Dejar que las
ideas se escampasen a medida que daba pasos hacia quién sabe dónde. Eran como
notas musicales bailando en su cabeza. ¡Cuánta inspiración! ¡Las estrellas, la
luna, el cielo apagado sin el reinado del sol! Y tal vez, la tinta de aquellas
palabras era la sangre de las heridas que él mismo se provocaba. Claro…ahí
estaba la solución al círculo vicioso que recorría una vez, y otra, y otra…
Pensó que, si no fuera por esa sensación, no sentiría nada dentro de sí.
¿Vacío? Podría ser. Y sin darle más vueltas, volvió a su habitación para
perderse entre las teclas de la máquina de escribir que, como casi todas las
noches, le esperaba al término de sus salidas nocturnas para poder liberar ese
trocito de su interior. Esa pequeña parte de él.
miércoles, 17 de julio de 2013
Entre plumas y nubes
Miré hacia arriba y los observé. Allí, en lo alto, formando
figuras en el cielo y bailando con las nubes como si de una celebración se
tratase. Y…¿qué era, sino una celebración? Las hojas de los árboles querían
bailar con ellos y el roce de unos cuerpos con otros se transformaba en la melodía
que daba banda sonora a aquel espectáculo. El Sol, que también observaba desde
lejos aquel conjunto de movimientos gráciles, ligeros y veloces, comenzaba a
dar paso a la Luna, celosa de aquella visión, y se escondía por el horizonte
otorgando al cielo un suave brillo anaranjado que no hacía sino complementar la
escena. Todo en conjunto era capaz de dejar sin palabras hasta al más experto
orador y al diccionario más completo. Y allí me encontraba yo. Observando el cielo, sentado en un banco,
perdido entre alas.
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